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Quetzaltenango se reencuentra con una tradición entrañable: el traslado de la Virgen del Rosario

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Traslado de la Virgen del Rosario de Quetzaltenango. Foto: Cortesía Marvin González

Tras no celebrarse por dos años debido la pandemia del coronavirus, los quetzaltecos participaron en una de sus tradiciones más enraizadas, la celebración a la Virgen del Rosario, patrona de la capital altense.

Como es tradición cada último jueves de septiembre, se realiza el traslado de la venerada imagen de la Virgen de su capilla en la Catedral del Espíritu Santo hacia el altar mayor del templo. 

Foto: Cortesía Marvin González

Aunque el recorrido es breve y corto, es muy emotivo, ya que se desarrolla alrededor del Parque Centroamérica. En la comitiva participan bandas escolares, hermandades y feligreses quetzaltecos. 

Con esta actividad inician las festividades de Octubre, dedicadas a la Virgen del Rosario, cuyo día principal es el 7 de dicho mes. 

Foto: Cortesía Marvin González

Este año, la imagen estrenó un hermoso ajuar de manto y tunicela, en color azul con bordados en oro y cabezas de ángeles talladas, también se destaca una media luna de plata en estilo barroco a los pies de la imagen. Mientras que el anda lucía rosas y antulios naturales como adorno.

Imagen centenaria

Aunque no se conoce el año de su talla ni de su escultor, la imagen tiene registros históricos al menos desde el siglo XVIII ya que su chispa o ráfaga de plata data de 1772, como una ofrenda del pueblo qutezalteco.

Foto: Cortesía Marvin González

Sin duda la imagen es una réplica de la imagen de la misma advocación que se encuentra en la Basílica del Rosario de la capital y que es considerada patrona de la República, ya que su rostro es similar, así como característica particular portar al Niño Jesús dormido en uno de sus brazos.

En 1781 la imagen fue consagrada por el Arzobispo Cayetano Francos y Monroy, por lo que se confirma que su veneración es muy antigua. 

Foto: Cortesía Marvin González

Uno de los tantos honores que posee es que fue coronada por el Papa Juan Pablo II y le ofrendó un rosario, durante su visita a Xela en 1983, un acontecimiento único en la historia de Quetzaltenango.